Sobre el trauma de nacimiento
 

    Los futuros o recientes padres y los profesionales dedicados al mundo del nacimiento no quieren saber nada del suyo propio ¿Por qué?... Llevo años haciéndome esta pregunta.

    Desde que conecté con mi propio trauma de nacimiento, cosa que, por un lado me permitió entender tanto mi vida y por otro, me “obligó” a dedicar el resto de ella a trabajar, intentando que el trauma de nacimiento se aminore en gran parte, estoy intentando que los profesionales que día a día se dedican a recibir bebés y los padres/madres gestantes, conecten con el suyo propio. Nada más difícil.

    Es igual como se les: presente, ofrezca o regale, el miedo es tan grande, que el tema no interesa, ni a los pediatras, ni a los neonatólogos, ni a los obstetras, ni siquiera a las comadronas y por supuesto y sobretodo, ni siquiera a las madres/padres.

    Ante la pregunta, ellos, todos: no responde, no saben de qué les hablas, nunca se lo han planteado, no es necesario y sobretodo no se lo creen.

    Claro, que no se lo pueden creer, si lo hicieran 1º la responsabilidad serían tan grande, que se tendrían que cambiar un montón de hábitos, rutinas y formas de hacer “inconscientes”, que supondría un gran trabajo y eso para qué? Si los niños no se acuerdan. 2º Creérnoslo, nos obligaría, a que conectar con ese bebé “herido” que todos y cada uno de nosotros llevamos dentro, y el recuperarlo, supondría que nos tendríamos que hacer cargo de él, con la consiguiente responsabilidad que eso supone, enfrentándonos además con el recuerdo de, el abandono que sufrimos, mientras nos gestamos, nacimos o nos criamos, y el consiguiente “reproche” a unos padres que, aunque involuntariamente, sembraron el dolor en nuestros tiernos corazones. 3º De la misma forma involuntaria, nosotros al recibir a nuestros hijos, hicimos lo mismo, ignorar sus necesidades emocionales de contacto y acunamiento (que no las físicas) porque no teníamos ningún conocimiento de que fueran necesarias. Eso, es a lo que más cuesta enfrentarse.

    Creo que esta es la respuesta a mi pregunta.

    El sentimiento de culpabilidad que ello produce, es tan fuerte que ni siquiera queremos prestar atención cuando oímos hablar de trauma, porque, en los tiempos que estamos viviendo, el trauma se multiplica, ya que nuestros bebés, además de nos haber sido atendidos, han sido y son aún, en muchos lugares agredidos de una forma brutal en su experiencia más impactante, la del nacimiento.

    Una experiencia en donde no se respeta: su elección del momento, su ritmo, la acogida ni el vínculo extrauterino, entre otras necesidades, dejará (nos guste o no), un recuerdo de la entrada en la vida social, que nos hará sentir que no se nos respeta ni se nos ama y como consecuencia de ello no aprenderemos a respetar ni a amar. Una experiencia que de una forma sutil, nos dejará un mensaje implícito de que no somos dignos de amor.

    ¿Nos podemos imaginar una vida con ese sentimiento?. Si nos escuchamos un poco, nos daremos cuenta que es el sentimiento que nos acompaña a la gran mayoría de nosotros y que puede que sea, el que hace que surja ese otro sentimiento de culpa, que no nos atrevemos a reconocer.

    No es cuestión, ni de alimentar el sentimiento de culpa, ni de continuar ignorando algo tan obvio como que los bebés sienten, desde el mismo momento en el que comienza su vida intrauterina.

    Ya no nos sirve la excusa de “yo no creo en esas cosas”. Es tan fácil experimentarlo para sacar conclusiones propias, que solo es inaccesible para el/la que tiene miedo de experimentar. Existen diferentes formas de llegar a rescatar a nuestro bebé interno y “suavizar” sus heridas. El cambio que experimenta la vida de la persona que lo afronta, es increíblemente maravilloso.
 

Ángeles Hinojosa



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Reflexología podal infantil. *Método Ángeles Hinojosa.
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